Dana Nolasco: cuando las telecomunicaciones conectan redes y personas

03/06/2026

Primera universitaria de su familia, presidenta de CEFACI y embajadora de Girls in ICT, nuestra estudiante de Ingeniería de las Telecomunicaciones compagina la exigencia académica con el liderazgo estudiantil con el fin de impulsar no solo su propia carrera, sino también para que las nuevas generaciones de niñas encuentren un espacio inclusivo y seguro en el mundo STEM.

Le gustaban las matemáticas y quería estudiar ingeniería. Aquellas eran las dos únicas consignas que Dana Nolasco Vallejos tenía claras cuando todavía estaba en el colegio. Porque la Dana adolescente era, asegura, muy diferente a la actual.

Jugaba activamente básquet, competía representando a su distrito, San Martín de Porres, y se quedaba por las tardes en un círculo de estudio para los alumnos más destacados: “En matemáticas era 20, 20, 20… en letras no tan bien”, recuerda entre risas. Pero fuera del aula, las oportunidades eran escasas. “Mi colegio era estudiar y ya. No había espacios extracurriculares”.

Por eso, cuando llegó a la PUCP, buscó exactamente lo contrario.

Una carrera descubierta entre pantallas

Escogió Ingeniería de las Telecomunicaciones después de muchos descartes. Los test vocacionales la ubicaban en áreas de la ingeniería vinculadas a la biología, pero ella no se proyectaba en esos sectores.

Así que mientras deliberaba por la carrera correcta, también surgió otro dilema: la universidad. Debido a que sus padres y generaciones anteriores en su familia no tuvieron la oportunidad de completar estudios superiores, ellos querían que Dana no solo sea la primera, sino que lo consiga en la mejor del país.

“Mi familia me hizo esa petición indirecta por la PUCP, pero también la posibilidad de escoger otra universidad”, recalca. Y terminó inclinándose por nuestra casa de estudios.

Así que la búsqueda de las ingenierías se delimitó a las que ofrecía la PUCP. Mientras revisaba opciones en Facebook, halló una carrera todavía no tan antigua en nuestra institución. Leyó palabras como “internet”, “fibra óptica”, “comunicaciones inalámbricas” y “tecnología”. Fue suficiente. “No lo tuvo que pensar tanto: telecomunicaciones”, explica.

Aunque su entusiasmo por ingresar al campus y empezar su vida universitaria se vio frustrado por la pandemia del COVID-19. Tener que aprender de forma virtual temas avanzados que nunca había visto en el colegio, como integrales o derivadas, le hizo considerar retirarse y empezar de nuevo el siguiente ciclo, cuando se suponía volvería la presencialidad. Pero su familia la alentó a continuar.

Y decidió persistir.

Gracias a las tutorías, asesoría y orientación académica que ofrece la PUCP, empezó a encontrar estabilidad. Aun sin las comodidades del campus, supo que en nuestra universidad encontraría un lugar donde iba crecer más allá de las notas.

Aprender a dejar de ser tímida

Porque, aunque repasando su trayectoria figura en diversos eventos y campañas, Dana asegura que era “bastante callada”. Fue la política universitaria la que la exigió a salir del confort de apenas decir “presente” en el Zoom.

Confiesa que su incursión no fue una iniciativa propia: la convocaron. Tenía buen rendimiento académico y una reputación de alumna comprometida, aunque todavía no imaginaba el compromiso de representar a otros. Fue elegida como parte del Tercio Estudiantil de Estudios Generales Ciencias cuando volverían al campus.

“Ahí fue cuando dejé de ser tímida”, reconoce. Aprendió a hablar en público, a defender propuestas y a acercarse a estudiantes desconocidos. Una de sus iniciativas fue impulsar la prescripción de cursos en Estudios Generales Ciencias, un mecanismo que hoy es una realidad en EE.GG.CC. y ayuda a estimar mejor las vacantes disponibles.

Pero la lección más valiosa que aprendió Dana no la encontró en las aulas o en una sesión del Consejo de Ciencias. Apareció dialogando con todos: sin excepción.

“Entendí que escuchar a una persona tímida puede cambiar muchísimo las cosas”, resalta. Esa idea terminó acompañándola en casi todos los espacios donde participó después: AITEL, IEEE Women in Engineering, IEEE Communications Society y, finalmente, el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias e Ingeniería (CEFACI), donde hoy ejerce la presidencia: “Era lo último que me faltaba”, confiesa.

Dana lidera la comunidad estudiantil más grande de la PUCP: cerca de 4,000 estudiantes de 15 especialidades distintas para organizarse en dos eventos multitudinarios: los Juegos Interfacultades y la Semana de Ciencias e Ingeniería.

Mujeres que también pueden verse ahí

Pero además de liderar iniciativas estudiantiles de gran impacto, Dana también aspira a crear espacios más inclusivos para las futuras generaciones de niñas que sueñan con estudiar una carrera STEM.

Aunque sabe que en otras especialidades la presencia de mujeres es cada vez mayor, en Ingeniería de las Telecomunicaciones, reconoce que todavía es muy reducida. Tanto entre estudiantes como docentes y referentes visibles.

Esa ausencia, en lugar de convertirse en frustración o lamento, la motivó a involucrarse en temas de género. Inició con una actividad sencilla, pero simbólica: un espacio donde las estudiantes pudieran hablar entre ellas. Organizó un picnic para mujeres de Telecomunicaciones. La asistencia, aunque no fue masiva, bastó para comprender que todavía persisten prejuicios que erradicar: “Escuchabas historias muy distintas, pero muchas sentíamos cosas parecidas”, cuenta.

No satisfecha con este primer acercamiento, Dana fue embajadora este año del workshop “Girls in ICT”, iniciativa de la PUCP que busca acercar la tecnología a niñas y escolares. Allí, escuchó relatos que se repetían constantemente: chicas que habían crecido escuchando que la ingeniería “era para hombres”. E incluso lo creyeron.

Así que mediante su experiencia como estudiante y junto a otras profesionales destacadas, lograron que, al menos, ese grupo de niñas entienda que el único requisito para seguir una carrera STEM no es el género, sino la pasión. Visibilizar referentes femeninos en ciencias e ingeniería, insiste, es convertir las excepciones en la normalidad.

Estudiar ingeniería para una chica, asegura, no tendría que sentirse como invadir un espacio ajeno: “Todos deberíamos poder estudiar lo que queremos”.

La ingeniería también necesita personas

Hoy, en su noveno ciclo, después de sus primeras experiencias preprofesionales y mientras se proyecta hacia áreas como cloud computing e investigación en IoT, Dana sigue convencida de que la formación universitaria no acaba en las aulas. Gran parte de su crecimiento, sostiene, ocurrió organizando eventos, liderando equipos y aprendiendo a trabajar con personas diferentes.

Es, de cierta forma, una analogía con su interés por la arquitectura cloud, donde puede desarrollar su deseo por resolver problemas, conectar sistemas y pensar estrategias. “Es como una pelea interna de lógica”, explica. Aunque la ingeniería de las telecomunicaciones, por su diversidad de ramas, le ha exigido adquirir conocimientos técnicos muy demandantes, para Dana, desarrollar habilidades blandas ha sido el mayor diferencial.

En una sociedad donde muchos ingenieros aún son vistos como profesionales silenciosos y demasiado técnicos, Dana encontró otra manera de ejercer su profesión: hablando, escuchando y abriendo espacios para otros.

Especialmente para otras mujeres que, probablemente, nunca tuvieron referentes STEM en su juventud. Como ella. Pero, ahora, Dana se erige como una líder y embajadora en la ingeniería de las telecomunicaciones.