Jenifer Kalafatovich: cuando la ingeniería aprende a entender el cerebro

22/04/2026

La niña que reparaba juguetes junto a su padre, hoy, cursará un posdoctorado en Alemania. Nuestra ingeniera mecatrónica ha construido una trayectoria que cruza neurociencia e inteligencia artificial. Su trabajo —en más de tres continentes— además de innovador, nos enseña que la tecnología también puede acompañar la vida humana.

Cuando la curiosidad se volvió vocación

Antes de pisar los laboratorios más modernos del mundo, Jenifer Kalafatovich Espinoza, todavía en edad escolar, realizaba sus propias pruebas con muñecos desde su casa.

 “Mi papá trabajaba en una juguetería y traía carritos o robotitos que tenían defectos… y yo estaba ahí: ‘¿cómo lo estás reparando?, ¿cómo funciona esto?’”, relata. Una anécdota que retrata que, aún desde pequeña, tenía un interés innato por conocer y entender los sistemas desde adentro: la ingeniería estaba en su destino.

Apasionada por las matemáticas desde el colegio, comenzó a averiguar sobre carreras que le permitieran convertir su curiosidad en una profesión. Descubrió, entonces, la Ingeniería Mecatrónica. “Averigüé que había pocos lugares en el Perú… y cuando visité la PUCP y vi sus laboratorios dije: «wow, me gustaría ser parte de esto’”.

Además de la valiosa formación técnica e infraestructura que le brindó la PUCP, Jenifer atesora los espacios de diálogo y apertura que encuentras desde que empiezas la universidad a través de Estudios Generales: “No solamente me hizo ver que iba a estudiar Mecatrónica, sino que hay otras carreras, otras formas de pensar”.

Y al entrar a nuestra Facultad, aprendió una lección que —confiesa— ha sido clave para la trayectoria internacional que construiría después: trabajar con otros. “En investigación no investigas solo. Tienes que saber cómo liderar, cómo ser parte de un equipo”.

Japón: el nacimiento de una vocación

Así lo comprendió desde su primera experiencia en el exterior,  un intercambio a Japón cuando todavía estaba en pregrado. En el laboratorio de maestría que le asignaron, no solo compartió con colegas de distintas culturas, también descubrió un campo que en ese momento casi no existía en el Perú: la intersección entre ingeniería y medicina: “Fue como un choque… ver cómo la ingeniería se podía aplicar a temas médicos”.

Aquel viaje marcó su primera gran decisión: orientar su carrera hacia la biomedicina. Su tesis de pregrado ya iba en esa línea: un sistema que reconocía movimientos para procesos de rehabilitación: “Era una cámara que identificaba cómo te movías… y te decía cómo podrías rehabilitar, por ejemplo, el brazo”.

Pero fue entre experimentos aleatorios mientras investigaba en el laboratorio de Bioingeniería donde apareció el reto que definiría su siguiente etapa: el electroencefalograma. Jenifer recuerda que este fue uno de los sensores que más les costó procesar y pronto descubrió que tendría que salir del país para encontrar respuestas.

Buscó oportunidades de posgrado en Oceanía, Asia y Norteamérica y finalmente fue en Korea University donde obtuvo una beca completa para estudiar Brain Cognitive Engineering. Académicamente, era una oportunidad inmejorable. Pero también tendría que adaptarse a una nueva cultura en la que, además, sería minoría.

“Al inicio fue difícil… era de las pocas chicas y de las pocas extranjeras. Sin embargo, con el tiempo, encontró comunidad y nuevas redes de mujeres que comparten esa pasión por las ciencias e ingeniería: “Luego llegaron más chicas… y todo fue más ameno”, relata.

Jenifer trabajó con señales cerebrales en proyectos que combinaban ciencia básica y aplicación. Como predecir si una experiencia sería recordada: “Podíamos medir las ondas cerebrales y decir si esa información se quedaría en la memoria. También exploró la posibilidad de decodificar lo que una persona ve a partir de su actividad cerebral con aplicaciones en comunicación para personas con dificultades del habla.

IA para acompañar la vida

Pero su paso por Corea no terminó con la maestría. Con el inicio de la pandemia y el cierre de fronteras, decidió continuar con un doctorado en inteligencia artificial, donde podría integrar todo lo aprendido: cerebro, datos, patrones: “El cerebro es como una máquina… y para entenderlo tenía que aprender análisis de datos, machine learning, deep learning”.

Su investigación actual explora la generación de video a partir de audio: sistemas capaces de recrear gestos, expresiones y movimientos de una persona. Pero el objetivo no es solo técnico. “Queremos que ese avatar sea natural… que genere confianza”. Las aplicaciones son claras: educación virtual más humana, telemedicina más cercana.

La propuesta fue tan innovadora que alcanzó, en diciembre del 2025, el workshop Women in Machine Learning, experiencia en EE. UU. que le permitió reconfirmar el potencial real de las mujeres en una de las áreas más avanzadas de la IA, pero también evidenciar la falta de peruanas: apenas eran tres incluyéndola.

“Necesitamos más difusión, más oportunidades visibles, asegura desde su propia historia.

Volver al origen para avanzar

Tras dos posgrados en el exterior, la curiosidad no acaba: este año inicia un posdoctorado en Alemania gracias a la Alexander von Humboldt Fellowship. Su nuevo proyecto conecta, otra vez, con el origen de sus preguntas que iniciaron en nuestras aulas: el cerebro. En esta ocasión, desde su formación más temprana.

 

“Queremos ver cómo se forma el cerebro desde que el bebé está en el útero… cómo se conectan las neuronas, qué caminos se crean”. El objetivo es ambicioso: entender estos procesos para anticipar posibles enfermedades neurológicas en etapas muy tempranas.

A diferencia de muchas investigaciones actuales basadas en datos públicos, su proyecto incluye la recolección de datos propios, en colaboración con hospitales. “Es una oportunidad de diseñar el experimento desde cero”, expresa con entusiasmo.

Con una trayectoria que ha recorrido casi todo el mundo, nuestra egresada tiene un mensaje para toda la comunidad PUCP: aprovechen las oportunidades que la universidad ofrece. Desde la formación y mirada internacional de los docentes y grupos de investigación hasta los talleres de habilidades blandas que también se imparten.

“Si eres una persona un poco más introvertida, recomendaría que tal vez tengan un perfil de LinkedIn y puedan seguir a páginas que ofrecen este tipo de oportunidades y empezar a hacer networking”, agrega.

América, Asia y Europa: ese ha sido, hasta ahora, el camino personal de la niña que empezó desarmando juguetes para comprender su funcionamiento y hoy estudia y descifra procesos neurológicos en los laboratorios más modernos del mundo.

La historia de Jenifer nos demuestra que la ingeniería no solo construye sistemas, sino que también puede comprender —y mejorar— la experiencia humana.