Entre circuitos e imágenes médicas: Leya Barrientos continuará su investigación en la Universidad de Rochester

28/09/2026

Cuando estaba en el colegio, la intentaron disuadir para no estudiar ingeniería; en la actualidad, Leya cambiará los laboratorios de imágenes médicas de Yale para iniciar su formación como magíster en Ingeniería Biomédica por la Universidad de Rochester. Su historia, entre pasantías internacionales y becas, también atraviesa dudas personales, prejuicios y gratitud hacia la red de acompañamiento que halló —y buscó— en la PUCP.

Cuando avanzar significa volver atrás

“Leyapedia”, es el primer recuerdo que acompaña a nuestra ingeniera electrónica Leya Barrientos Queirolo cuando mira atrás hacia su época escolar. “Era la típica nerd”, relata con humor. Disfrutaba las matemáticas, pero también le fascinaba la literatura, patinaba, escuchaba rock clásico y, aunque no tenía una carrera decidida, sentía una atracción natural hacia la ingeniería.

Fue en ese momento, con apenas 15 años, cuando vivió en primera persona los prejuicios a los que se enfrentaría.

Sus docentes no dudaban de su capacidad, pero temían que una carrera con dominante presencia masculina le impida hallar oportunidades. En casa, también recibió dudas: estudiar una carrera con enfoque científico, creían, no le garantizaría una buena remuneración. Decidida a no abandonar su pasión, finalmente su padre le recomendó probar con Ingeniería Industrial.

Tras una extenuante preparación para ingresar a nuestra universidad, con clases del colegio por la mañana y de la academia por la noche, luego de completar Estudios Generales Ciencias, descubrió —al llevar cursos directamente vinculados a su carrera— que su visión como ingeniera no estaba enfocada hacia los negocios. Ella quería ciencia e innovación.

Aunque primero pasó a Telecomunicaciones, gracias al grupo de Audio y Electroacústica del IEEE, conoció los circuitos y el procesamiento de señales. Fue allí cuando se enamoró de la electrónica. Pero ese cambio no sería tan sencillo.

Para poder seguir su verdadera vocación, tuvo que —en sus palabras— “comerse su orgullo” y volver a Estudios Generales Ciencias. Mientras varios de sus amigos ya estaban iniciando sus primeras prácticas, ella tenía que empezar una nueva malla curricular.

Una pregunta puede cambiar una trayectoria

Una sensación de retroceso que, finalmente, logró transformar en nuevos capítulos valiosos para su futuro. Experimentó con procesamiento de señales, participó en grupos de investigación y descubrió que la ingeniería electrónica podía aplicarse prácticamente a cualquier campo. Aunque fue una conversación casual la que determinaría su rumbo profesional.

Mientras viajaba a una conferencia de la IEEE en Arequipa, su amigo José Timana —ingeniero biomédico PUCP-UPCH que actualmente cursa un doctorado en Johns Hopkins— le preguntó si alguna vez había pensado en utilizar audio para mejorar terapias físicas. Una interrogante aleatoria que la terminaría inspirando para iniciar un proyecto sobre audio espacial para apoyar la rehabilitación de sobrevivientes de un derrame cerebral.

Tal fue su dedicación que decidió postular su investigación al Signal Processing Mentorship Academy (SigMA) Program de la IEEE, donde fue aceptada y recibió un financiamiento de cuatro mil dólares para viajar hasta Rhodes Island, Grecia y presentar su proyecto en el International Conference on Acoustics, Speech and Signal Processing. Además de ello, el programa cubrió el costo de los sensores ópticos de alta precisión requeridos para el proyecto y recibió la mentoría del reconocido ingeniero de Apple, Daniele Giacobello. “Fue bastante surreal”, recuerda.

El recorrido de Leya ha estado marcado por la curiosidad académica. Así como su viaje a Grecia nació de una pregunta, su camino hacia la acústica también empezó de un deseo. Un impulso por el conocimiento. Con el temor natural de un estudiante a aproximarse a los profesores de mayor trayectoria, se acercó al Dr. Jorge Moreno —hoy jefe del Departamento Académico de Ciencias— para contarle sobre su interés en la acústica y buscar sus consejos.

¿El resultado? La invitó a conocer su laboratorio, la animó a llevar su curso de maestría de Electroacústica cuando todavía se encontraba en pregrado y, años después, él le escribiría su carta de recomendación para su admisión en Rochester.

Esta inquietud y valor para hallar oportunidades también la condujo hasta Yale. Conoció sobre las oportunidades de pasantías internacionales que ofrece REPU (Research Experience for Peruvian Undergraduates) gracias a nuestra egresada Claudia Parisuaña y cuando en el 2021 finalmente abrieron la rama de Computer Science, en sus palabras: “Postulé solo para conocer el proceso de postulación, no creía que me iban a aceptar a la primera”, admite.

Cinco meses duró el riguroso proceso de selección entre cartas de motivación, entrevistas y la exposición de un paper. Lo que iniciaron como prácticas en remoto, debido a la pandemia, se convirtió en el despertar de una nueva pasión: la resonancia magnética cardiovascular.

Tras graduarse, se mantuvo en contacto con los profesionales de Yale, continuó colaborando a distancia hasta ser contratada como asociada de posgrado en Radiología e Imagen Biomédica de manera presencial.

En la Escuela de Medicina de Yale, Leya trabajó con resonancia magnética del corazón, la próstata y la mama, además de ultrasonido y aplicaciones de inteligencia artificial orientadas a mejorar la capacidad diagnóstica de las imágenes. Una experiencia que traspasó la modernidad tecnológica: también entendió que detrás de cada data médica hay personas reales esperanzadas en su labor.

La ingeniería también puede cuidar vidas

Ese deseo por continuar explorando soluciones tecnológicas enfocadas en la medicina impulsaron a Leya a iniciar una maestría. “Me di cuenta de que, si yo quería seguir creciendo como investigadora, necesitaba un posgrado”, confiesa. Contempló y postuló a más de una universidad y finalmente fue aceptada tanto en la Universidad de Rochester como en la Universidad de Nueva York. Eligió la primera, en principio, por el apoyo económico que le ofrecían, pero también por la alta calidad y modernidad de sus laboratorios, como el de bioacústica.

En Rochester, busca profundizar en ultrasonido e imágenes médicas, estudiar tecnologías enfocadas en contextos donde los recursos sean menores como el Perú; además de explorar cómo el cerebro procesa el sonido para desarrollar posibles aplicaciones en terapias físicas y salud mental.

Pero sus expectativas también exceden lo académico: espera crear conexiones. Desde alumnos de China o Etiopía hasta reuniones sociales cerca a la playa con colegas latinos, Leya aprovechará para generar vínculos más allá de los laboratorios y aulas de estudio.

Desde incorporarse en la industria, mantenerse en la academia o incluso iniciar una startup, Leya no se precipita en el futuro. Mediante su propia trayectoria, ha aprendido que disfrutar —y soportar— el proceso es más importante que tan solo cumplir con la meta.

Leya comparte que si bien la PUCP es una comunidad en la que las oportunidades están al alcance de los estudiantes —especialmente en la confianza de los docentes para involucrar a los alumnos de pregrado en investigaciones y papers—, es importante que ellos también se atrevan a acercarse: “Nadie va a venir con una bandeja a darnos las oportunidades, nosotros mismos tenemos que buscarlas”, asegura.

Este mensaje refleja su camino: el de una adolescente a la que todo su entorno quería alejar de la ingeniería, pero cuya perseverancia y determinación le permitieron convertirse en una investigadora internacional en las mejores universidades del mundo. Una referente femenina en STEM para las futuras generaciones: “Si para mí fue posible, para ellas también lo es”, sentencia con una sonrisa auténtica.