Beneficiaria de la Beca Erasmus Mundus, Fátima realizará un riguroso viaje académico por Francia, Finlandia y Eslovenia para estudiar una maestría en Ingeniería Nuclear, donde busca demostrar que la sensibilidad social y la alta ingeniería científica pueden convivir en un mismo proyecto de vida.
Cuando Fátima Infante García cursaba la primaria en Lima y resolvía problemas de Física en las aulas preuniversitarias de Trujillo, Europa parecía un destino tan lejano como los conciertos de One Direction y de tantas otras bandas internacionales con los que soñaba asistir.
“La posibilidad de ir, siquiera de visitar, me parecía remota, distante”, recuerda sobre aquellos años donde los desafíos económicos hacían que cruzar el océano se sintiera como una utopía. Pero su afinidad con la música internacional, lejos de ser una pasión superficial; se convirtió en una ventana hacia el exterior. El punto de partida para descubrir su curiosidad por el mundo y distintas culturas.
Una curiosidad que creció en apenas sus primeras charlas de cachimba al ingresar a Ingeniería Mecánica —la misma carrera que su padre— en la PUCP: “Nos pusieron un video con el amplio catálogo de convenios internacionales y allí sentí un poquito más cercana a esa posibilidad de poder salir y conocer el extranjero, pero aún así lo sentía remoto”, confiesa.
Estimulada también por su madre a buscar nuevas oportunidades, cuando alcanzó el séptimo ciclo, tomó la decisión de explorar programas de intercambio. Más allá de las vivencias culturales, Fátima quería profundizar en nuevas áreas de conocimiento. Y tras una exhaustiva revisión, decidió empezar su trayectoria internacional en la Facultad de Ciencias Nucleares e Ingeniería Física de la Czech Technical University de Praga.
En República Checa, Fátima no solo se sumergió a una aventura cultural sin precedentes, con amistades de diversos países y una comprensión más profunda del mundo, también descubrió su vocación profesional: su deseo por conocer el reactor nuclear de la universidad la guió hacia la especialización de su maestría, ingeniería nuclear.
Su fascinación técnica se transformó rápidamente en un compromiso ético con el medio ambiente. Al analizar las matrices energéticas globales, Fátima comprendió el enorme valor de la ingeniería nuclear frente a los desafíos climáticos actuales.
“A mí me parece personalmente que la energía nuclear es lo que cubre tanto eficiencia como sostenibilidad, me parece que es la mejor mezcla de las dos”, explica con lucidez. Científicamente, su postura responde al principio de densidad energética.
A diferencia de fuentes como la solar y la eólica, cuya producción depende de las condiciones ambientales, la energía nuclear puede generar grandes cantidades de electricidad de forma constante y con bajas emisiones de carbono. Una cantidad mínima de uranio puede abastecer de electricidad a comunidades enteras de forma ininterrumpida sin generación de emisiones directas de gases de efecto invernadero.
Lograr el balance entre optimización de recursos y sostenibilidad ambiental se convirtió en su principal meta. “Mi mente siempre ha estado en apoyar el desarrollo tecnológico de la sociedad en general para el bien común”, sostiene.
Precisamente, ese deseo de impacto social la impulsó a postular al Máster Conjunto Erasmus Mundus en Aplicaciones Nucleares Seguras y Confiables (SARENA), un programa de excelencia que divide sus cuatro semestres entre tres universidades de primer nivel: el IMT Atlantique en Nantes (Francia), la Universidad Tecnológica de Lappeenranta (Finlandia) y la Universidad de Ljubljana (Eslovenia). Allí, Fátima profundizará en la operación y seguridad de reactores nucleares, una especialización crucial para industrias de alta envergadura mundial.
“Tenía un poco el síndrome del impostor”, confiesa Fátima al recordar el proceso de postulación a la beca. Pero gracias a su sólida experiencia laboral de dos años y medio en la consultora canadiense WSP —donde lideró cálculos y simulaciones hidráulicas para minería en Perú, México y Chile— su semestre en Praga con cursos alineados al programa y su interés general por la materia, logró ser una de las 21 beneficiarios en todo el mundo a este máster internacional.
Su primer paradero es Nantes; en enero, desembarcará en Finlandia y finalmente en octubre del próximo año llegará a Ljubljana, la capital de Eslovenia. Convivir con personas de todos los continentes es otro plus del programa, una interacción que Fátima encuentra gratificante gracias a la apertura y diálogo hacia la pluralidad de visiones que halló en la PUCP: “Conocí gente con mentalidad diferente a la mía, con más opiniones y conocimientos del resto del mundo”.
Aunque entre esta trayectoria académica y laboral exitosa, Fátima no esconde los prejuicios de género que todavía persisten en las disciplinas STEM; especialmente, en carreras históricamente masculinizadas como la ingeniería mecánica. No se los han contado: los ha vivido en primera persona.
“A veces se saca tal nota y se siente, no te lo dicen, pero te das cuenta, que alguien piensa que es porque eres mujer”, recuerda.
Fátima insiste que las ingenieras no buscan un trato diferenciado o condescendiente, sino de equidad de pares: “Lo que necesitamos es que nos traten con el mismo respeto, no más”. Aunque ser la única mujer en el salón o en el laboratorio —admite— fue en un inicio raro, con el tiempo también descubrió hoy en día se ofrecen distintas convocatorias, tanto en lo académico como laboral, para acortar esta brecha: “Hay bastantes oportunidades que se lanzan específicamente para mujeres”, señala con optimismo.
Ya instalada en Francia, esta nueva etapa será clave para que termine de definir su futuro: permanecer en la academia para aportar conocimientos en un área que todavía necesita mayor investigación o buscar escenarios laborales que le permitan aplicar lo aprendido. Pero entre este dilema que espera resolver en Europa, Fátima comparte una certeza: poder regresar al Perú, consciente aún de la falta de instituciones locales especializadas.
“Es importante intentar retornar algo a nuestro país. Intentar apoyar el desarrollo de este sector en el Perú es lo que me encantaría”, expresa sin titubeos.
Porque la niña que soñaba con recorrer el mundo para seguir a sus bandas favoritas; ahora, atravesará Europa en búsqueda de una meta mayor: lograr que el conocimiento no solo sea transnacional, sino que contribuya a un planeta más sostenible.