Valeria Miñano, la ingeniera ambiental que descifrará en Japón la huella ecológica de nuestra alimentación

15/09/2026

Parte de la primera promoción de Ingeniería Ambiental y Sostenible de la PUCP, Valeria continuará su formación en la Universidad de Tsukuba tras obtener la beca MEXT: un financiamiento integral del gobierno japonés a estudiantes internacionales destacados. Su objetivo es estudiar, y a la vez, concientizar sobre el impacto de nuestra dieta diaria en el medio ambiente.

Apenas tres meses atrás, celebraba su graduación como parte de nuestra primera promoción de Ingeniería Ambiental y Sostenible; ahora, en menos de una semana, se instalará a más de 15 mil kilómetros de casa para iniciar una maestría becada por el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón.

“La verdad que todavía estoy un poco en shock, admite nuestra egresada Valeria Miñano Imaña con una risa tímida.

Una timidez que la traslada a sus primeros años en el colegio: “Era muy reservada, no me gustaba exponer”. Pero dentro de esa niña introvertida, también se hallaba un alma estudiosa, creativa y, especialmente, curiosa.

El episodio inusual que guió su carrera

Fascinada por las ciencias naturales desde la primaria, fue en cuarto de secundaria cuando descubrió —en un episodio cotidiano— su conexión con el medio ambiente. No fue durante ningún curso o actividad escolar. Todo nació de una conversación.

Una de sus mejores amigas le compartió que empezaría a ser vegetariana. Guiada por la curiosidad de entender las implicancias, Valeria comenzó a investigar de forma independiente y descubrió un vínculo directo, pero también alarmante entre la industria alimentaria y la crisis climática global.

“Me fui empapando con la problemática, vi que la ganadería ocupa mucha tierra, genera muchas emisiones de gases de efecto invernadero y por ahí me fue gustando bastante el tema”, recuerda.

Desde entonces, la relación entre lo que ponemos en nuestro plato y la salud del planeta se convirtió en el eje transversal de su trayectoria académica.

Aunque Ingeniería Ambiental y Sostenible fue una elección natural por su vocación e intereses, encontrar la universidad fue lo más desafiante para Valeria. Porque a diferencia de otras ingenierías, su oferta no era tan masiva aún en las currículas peruanas. Acabar el colegio durante la pandemia, además, limitó su capacidad de asistir a ferias y consultar de primera mano las oportunidades.

Pero un comercial de televisión, donde la PUCP promocionaba su entonces nueva carrera de Ingeniería Ambiental y Sostenible, cambió los planes para Valeria: “Fue de suerte”, confiesa.  Conocía el prestigio de nuestra institución y, sobre todo, valoraba la formación integral que ofrece. Aunque era una apuesta en la que no tendría referencias directas, porque formaría parte de la primera promoción, Valeria y su familia confiaban en la rigurosidad y calidad de la PUCP.

A la par con su entusiasmo al descubrir cursos nuevos como cálculo aplicado, su experiencia universitaria se fue consolidando cuando nos volvimos a encontrar presencialmente en el campus. Si bien aún tenía clases virtuales, aprovechaba que el ingreso ya se hallaba habilitado para tomar las clases en Tinkuy junto a su café. Hasta que la presencialidad regresó por completo y llegó el esperado momento: convertir esos vínculos por chats a una conversación en persona.

“Fui formando un grupo de amigos, recuerdo que siempre estudiábamos en CIA, en el segundo piso, estudiando para todo: física, cálculo… Hasta ahora, todos lo recordamos, porque siempre íbamos a la misma mesa”, narra con una amplia sonrisa.

De ese núcleo original, cinco alumnos consiguieron completar el tramo final y graduarse juntos el pasado mes de julio. Valeria no solo forma parte de esta histórica primera promoción, sino que acaba de trazar un gran hito internacional para su especialidad: la beca MEXT, el financiamiento integral más exigente que otorga el gobierno de Japón para cursar la maestría en Environmental Sciences en la Universidad de Tsukuba.

De curiosidad de niña a investigadora

Durante su paso por nuestras aulas, Valeria también descubrió que su futuro no estaba alineado con el trabajo corporativo convencional o la consultoría de oficina, sino con la rigurosidad y hallazgos de un laboratorio científico. El contacto directo con los profesores e investigadores del grupo PELCAN (Red Peruana de Ciclo de Vida y Ecología Industrial) terminó por consolidar su perfil como investigadora.

“Me fue gustando la investigación, porque si bien se puede trabajar en muchas ramas, a mí me llamó bastante la atención dedicar tu trabajo a investigar, explica.

Aquella pasión por la lectura crítica y el análisis la llevó a desarrollar una tesis de pregrado profundamente innovadora para la realidad local: evaluar y comparar cuantitativamente el impacto ambiental de ocho platos típicos de comida preparados diariamente en los comedores de la PUCP.

La obtención de la beca MEXT, por lo tanto, fue consecuencia de un perfil académico completo y apasionado. Contempló distintas oportunidades de financiamiento, pero la posibilidad de estudiar en un país tan avanzado a nivel científico, en un programa que ofrecía la posibilidad de investigar en desperdicios alimentarios como le interesaba, fue determinante en su decisión final y, a la vez, en ser seleccionada.

Su investigación en el país asiático buscará cuantificar el desperdicio generado en los entornos universitarios y calcular el inventario de emisiones de gases de efecto invernadero que este fenómeno representa. Para nuestra ingeniera ambiental, abordar científicamente el metabolismo de los sistemas alimentarios es una urgencia crítica en nuestra región, donde la discusión climática suele ignorar el impacto de la alimentación masiva.

Traducir datos en cambios reales

Es por ello que, para Valeria, los hallazgos no deben quedarse en artículos de revistas indexadas: la rigurosidad de la ciencia ambiental —asegura— pierde su propósito si se queda confinada en un lenguaje críptico e inaccesible para el ciudadano de a pie.

Uno de sus mayores desafíos en Tsukuba será explorar métodos para democratizar el conocimiento técnico y transformarlo en una herramienta de sensibilización comunitaria.

“Que te digan que la generación de plato emite dos kilos de CO₂ es tal vez difícil de entender; sería diferente que te digan: «esto es equivalente a que conduzcas tantos kilómetros en auto»… ver maneras de comunicar de una manera que la gente realmente lo pueda comprender para concientizarlos y se genere un cambio”, afirma con certeza.

Comprometida y fascinada por la investigación, aunque no lo asegura, Valeria ve posible un futuro doctorado, pero sin descartar una nueva línea de investigación: “Lo iré viendo”, pronuncia con seguridad. Tampoco excluye seguir profundizando en los sistemas alimentarios y su impacto ambiental. Lo más importante, para Valeria, es poder escoger un tema que te interpele. Que te conmueva.

Volará a Japón, precisamente, gracias a esa convicción que nació cuando apenas era una adolescente consternada por el impacto de su dieta en el ambiente. Aunque su etapa como vegetariana solo duró un año, Valeria lleva toda su vida académica trabajando para que la ingeniería ambiental no solo diagnostique los problemas de la Tierra, sino para que diseñe las narrativas necesarias para salvarla.

“Realizar un cambio en la forma en que comes, también puede generar un beneficio en reducir esta problemática tan grande”, es el mensaje que buscará compartir con el mundo.