Con una carrera marcada por la innovación y el liderazgo, nuestra ingeniera mecatrónica ha desafiado fronteras y estereotipos en la industria manufacturera transnacional. Desde comandar una misión espacial en The Mars Society hasta dirigir la planeación de demanda global de las icónicas sandalias Havaianas, su historia refleja cómo la confianza, la preparación y la visión multidisciplinaria abren camino a más mujeres en carreras STEM.
Era apenas una adolescente, pero Elizabeth Centurión Cancino ya reconocía su talento innato para las matemáticas: sabía que estaba destinada a la ingeniería. Pero no fue hasta el tercer año de secundaria cuando en una feria escolar con robots decidió su futuro: supo que quería dedicarse a una disciplina que combinara electrónica, mecánica y programación. Así nació su vocación por la Ingeniería Mecatrónica.
“¿Por qué la PUCP? Quedé enamorada del campus, de los venados, del ambiente”, recuerda entre risas. Más allá del entorno, su paso por la universidad le dio una lección que la acompaña hasta hoy: el valor de los equipos multidisciplinarios. Desde Estudios Generales Ciencias, donde compartió aulas con estudiantes de distintas carreras, comprendió que la innovación nace en la intersección de saberes y culturas.
En la PUCP no solo fortaleció conocimientos técnicos, sino también habilidades blandas: liderazgo, comunicación y empatía. Participó activamente en la asociación de Mecatrónica y en eventos como la “Semana de las Ciencias e Ingeniería”, experiencias que le enseñaron a desenvolverse más allá de los laboratorios. “Ese aprendizaje es vital para romper la timidez y poder hablar en público, liderar y confiar en lo que sabes”, asegura.
Esa misma determinación la acompañó cuando, años después, tuvo que liderar a su primer equipo de trabajo: 15 técnicos de mantenimiento, todos varones, algunos con más de 10 años de experiencia en operación. “Nunca tuve miedo de enfrentar esa diferencia de género porque confiaba en lo que sabía. Esa seguridad me ayudó a desenvolverme en un mundo donde las mujeres aún somos minoría”, rememora.
La carrera de Elizabeth está marcada por una gran meta: la búsqueda de soluciones aplicadas a problemas reales. Esa fue la motivación detrás de su maestría en Brasil, donde desarrolló modelos matemáticos para optimizar la planeación de producción en la empresa donde trabajaba. La academia y la industria, lejos de ser caminos paralelos, se convirtieron en un binomio inseparable.
Sus desafíos no tardaron en expandirse fuera del Perú. Inició en el rubro minero, pero pronto encontró en la manufactura su verdadera pasión. Como trainee en la compañía Bimbo, recorrió distintas áreas de la operación hasta especializarse en producción y supply chain. La experiencia la llevó a Chile, donde asumió su primer reto fuera del país a cargo de la planeación de operaciones.
Aunque reconoce que dejar el país fue una decisión retadora, Elizabeth nunca temió con soñar en grande. Fue así que no dudó en mudarse a Brasil para unirse a Alpargatas, gigante multinacional creadora de las icónicas sandalias Havaianas, donde hoy lidera la planeación de demanda para mercados internacionales.
Su trabajo consiste en proyectar las necesidades comerciales de regiones tan diversas como Estados Unidos, China, Dubái, Europa y Latinoamérica, alineando modelos estadísticos con estrategias globales para garantizar que millones de pares de sandalias lleguen puntualmente a cada destino.
“Es como un equipo de fútbol: cada persona tiene una especialidad distinta. Mi rol es escuchar, coordinar y lograr que esas fortalezas se integren para cumplir un objetivo común”, explica sobre su estilo de liderazgo intercultural.
Pero quizás una de las experiencias más singulares en su trayectoria ocurrió en 2016, cuando participó en una simulación espacial de The Mars Society en Utah. Como comandante de una misión internacional, lideró un proyecto de riego automatizado para ambientes extremos. “Fue un reto académico, pero sobre todo humano: aprendí que en situaciones difíciles el apoyo emocional es tan importante como los resultados técnicos”.
En un camino marcado por cambios culturales, equipos masculinizados y la exigencia de liderar en contextos internacionales, Elizabeth ha aprendido que la confianza en los propios conocimientos es la clave. “Lo que aprendemos en la PUCP es un respaldo. Saber que tienes una buena formación te da seguridad para tomar decisiones y liderar”, afirma.
Hoy, además de su rol en Alpargatas, ha cofundado Mina, una startup dedicada al desarrollo de software con agentes de IA para automatizar procesos operativos. Con esta nueva apuesta, reafirma su visión de innovar y crear impacto más allá de fronteras.
A las nuevas generaciones de mujeres STEM, les comparte un mensaje claro: “No tengan miedo. Inscríbanse en los programas, participen, postulen, porque esa experiencia siempre será una ganancia y podrían tener el ‘sí’ a una aventura única”.
Su trayectoria —de cachimba en la PUCP a la dirección de equipos internacionales— inspira y demuestra que las mujeres, mediante la innovación, liderazgo con criterio y confianza en sus habilidades, pueden forjar una carrera en el mundo de la ingeniería.