La vulnerabilidad de las viviendas y la falta de una cultura de prevención podrían agravar los efectos de un gran terremoto en el país, advierte el Ing. Gustavo Loa Canales, profesor de Ingeniería Civil
Perú está ubicado en una zona de alta actividad sísmica y, a pesar de que cuenta con normas de construcción sismorresistente y sistemas modernos de protección, todavía mantiene un alto riesgo frente a un terremoto de gran magnitud. Esto se debe principalmente a dos factores: la alta amenaza sísmica del país y la vulnerabilidad de una gran cantidad de viviendas informales, construidas sin criterios de diseño sismorresistente, con materiales de baja calidad y sin un adecuado proceso constructivo. La alta amenaza sísmica se debe a que el territorio peruano se encuentra sobre la placa Sudamericana, frente a la cual la placa de Nazca subduce a una velocidad aproximada de 6 cm por año, a lo largo de la fosa Perú-Chile (Instituto Geofísico del Perú, 2020), lo cual ubica al país dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico.
En lo que respecta al denominado silencio sísmico, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) viene advirtiendo sobre la existencia de una laguna sísmica frente a la costa central del país, debido a que en este segmento no se ha producido un terremoto de gran magnitud similar al de Lima-Callao de 1746 (de magnitud estimada entre 8.6 y 8.8, con un tsunami que devastó el Callao).
Para el Ing. Gustavo Loa Canales uno de los principales problemas es la alta presencia de las viviendas informales y autoconstruidas. El especialista explica que el riesgo sísmico depende principalmente de dos factores: el peligro sísmico al que está expuesta una zona y la vulnerabilidad de las construcciones. En el caso del Perú, el peligro se eleva por la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana, mientras que la vulnerabilidad aumenta por la existencia de construcciones que no siempre cuentan con materiales adecuados, supervisión técnica o un diseño estructural sismorresistente correcto.
El Ingeniero señala que una parte importante de las viviendas del país ha sido construida sin asistencia técnica, situación que incrementa su vulnerabilidad ante un gran sismo. En ese sentido, el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS), indica en la Política Nacional de Vivienda y Urbanismo, aprobada en 2021, que cerca del 70% de las viviendas en el país han sido construidas sin asistencia técnica. La problemática, sin embargo, no se limita a la calidad de los materiales: también existen edificaciones con columnas discontinuas, una cantidad insuficiente de muros estructurales, cimentaciones deficientes y elementos no estructurales que pueden desprenderse durante el sismo.
A pesar de la alta informalidad existente en la construcción de viviendas, el Perú cuenta con la Norma Técnica E.030 “Diseño Sismorresistente”, que establece los requisitos mínimos que deben cumplir las edificaciones para reducir el riesgo de pérdida de vidas y reducir las probabilidades de fallas durante un sismo severo.
El tipo de suelo también cumple un rol importante. En Lima existen sectores de distritos como Villa María del Triunfo, Villa El Salvador y San Juan de Lurigancho donde determinadas condiciones del terreno pueden amplificar las demandas provocadas por un sismo. Estudios del CISMID-UNI identifican sectores de estos distritos con nivel de daño V (colapso), asociado a costos de reparación entre el 85% y 100% del valor de la edificación. En otras regiones, como algunos sectores de Piura y del Callao, también existen problemas relacionados con suelos de baja capacidad portante y niveles freáticos elevados, condiciones que deben ser consideradas en el diseño de las cimentaciones.
Frente a este escenario, el ingeniero considera fundamental desarrollar planes integrales de gestión del riesgo. Esto incluye identificar las viviendas más vulnerables, evaluar cuáles pueden ser reforzadas y determinar cuáles requieren ser reconstruidas. No todas las edificaciones pueden recuperarse mediante un reforzamiento: en algunos casos, los problemas de calidad del concreto, cimentación u otros elementos hacen que la reconstrucción sea técnica y económicamente una alternativa más conveniente.
La prevención también debe comenzar antes de comprar una vivienda. El Ing. Gustavo Loa Canales sostiene que los compradores deberían conocer cómo se diseñó la estructura y qué empresa estuvo a cargo de la construcción. Incluso plantea que las inmobiliarias deberían entregar información básica sobre el diseño estructural de los edificios a los posibles compradores, así como se les muestra el plano arquitectónico, para que pueda ser revisada por especialistas antes de la compra.
Sin embargo, la preparación no depende únicamente de las autoridades o de los ingenieros. Durante un sismo, la población debe evitar correr y exponerse innecesariamente. En edificios altos, intentar bajar por las escaleras mientras el movimiento continúa puede ser peligroso. Por ello, es recomendable identificar previamente las zonas seguras y rutas de evacuación y, durante el movimiento, ubicarse en una zona segura y protegerse de objetos que puedan caer.
El especialista también advierte sobre los parapetos de las azoteas, especialmente aquellos construidos de manera informal y sin un adecuado arriostramiento o confinamiento. Durante un sismo, estos elementos pueden caer hacia la calle y provocar graves consecuencias.
Para el Ingeniero, la pregunta no es si ocurrirá un gran terremoto, sino qué tan preparados estaremos cuando suceda. La experiencia del terremoto de Pisco de 2007 demuestra que las consecuencias pueden ser severas cuando se combinan edificaciones vulnerables, altas demandas sísmicas y condiciones desfavorables del terreno. Por ello, reducir el riesgo requiere actuar antes del desastre y no esperar a que ocurra para tomar medidas.