Qotaqwasi Circular: la ingeniería que convierte residuos en oportunidades para aprender a emprender

06/11/2026

En una comunidad andina de Cusco, estudiantes y docentes de un colegio público buscan convertir los residuos orgánicos en abono e impulsar una iniciativa de economía circular. Un proyecto de la especialidad de Ingeniería Mecánica de la PUCP lleva tecnología adaptada a las aulas de esta escuela para acercar a los escolares a la ciencia y al emprendimiento.

A dos grados Celsius por la mañana y con una brisa helada proveniente de la laguna Languilayo, la jornada en el distrito andino de Layo comienza entre la neblina del altiplano. Para los niños del colegio estatal Qotaqwasi, en la provincia de Canas, el frío es parte de la rutina. También lo es la vida en una comunidad donde los recursos deben aprovecharse al máximo. En ese contexto, una iniciativa universitaria llegó con una propuesta: convertir los residuos que produce la escuela en una oportunidad para aprender a emprender.

Encabezada por el profesor Jorge Alencastre Miranda y los estudiantes de sexto ciclo de Ingeniería Mecánica de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Isaac Abarca Benites y Henry Matthew Crespo Garay, la delegación trasladó hasta la institución un prototipo de máquina picadora de accionamiento manual. La iniciativa, financiada por la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS) y respaldada por la Facultad de Ciencias e Ingeniería (FCI), forma parte del proyecto Qotaqwasi Circular, que busca vincular la ingeniería con las necesidades de una comunidad educativa rural.

De los residuos orgánicos al emprendimiento escolar

Como institución de jornada escolar completa, el colegio Qotaqwasi genera diariamente residuos orgánicos provenientes de la preparación del desayuno y el almuerzo escolar. Entre ellos se encuentran cáscaras de papa, plátano y cebolla. En lugar de desecharlos, el proyecto plantea aprovecharlos mediante un proceso de compostaje y producción de humus con lombrices.

La propuesta contempla que los estudiantes aprendan a transformar estos desperdicios en abono orgánico y, posteriormente, puedan comercializar los excedentes en ferias comunales. La iniciativa no tiene como propósito principal financiar la institución, sino desarrollar capacidades de emprendimiento en los escolares a partir del aprovechamiento de los recursos disponibles en su entorno.

Para facilitar la descomposición de la materia orgánica, los residuos deben reducirse a tamaños pequeños antes de ingresar a las composteras. Sin embargo, la limitada disponibilidad de electricidad en la zona dificulta el uso de maquinaria convencional. Frente a esta necesidad, el equipo universitario desarrolló una picadora manual que funciona sin energía eléctrica.

El proyecto también contempla la instalación de domos térmicos para proteger a las lombrices de las bajas temperaturas del altiplano. Estas estructuras aprovechan el calor solar durante el día y buscan conservarlo durante la noche, cuando las heladas pueden afectar el proceso de producción de humus.

Una máquina que se adapta a las necesidades de la comunidad

La primera prueba del prototipo en el colegio permitió identificar dificultades que no necesariamente aparecen durante el diseño en un laboratorio. Las bajas temperaturas y la humedad del ambiente obligaron a evaluar los materiales de las cuchillas para evitar su corrosión y desgaste prematuro.

Pero los cambios no respondieron únicamente a las condiciones climáticas. El intercambio de ideas con docentes y escolares también permitió replantear el funcionamiento de la máquina. El mecanismo de corte giratorio inicialmente propuesto dio paso a un sistema de prensa accionada manualmente, una alternativa adaptativa a las condiciones y necesidades identificadas durante el trabajo de campo.

La eficiencia del nuevo mecanismo también representa una ventaja económica. Al permitir procesar grandes volúmenes de residuos en menos tiempo, puede optimizar el trabajo y facilitar el aprovechamiento de la materia orgánica. Más que una máquina diseñada para un único propósito, se trata de una herramienta cuya configuración responde a las características del entorno donde será utilizada.

Durante la demostración, los escolares comenzaron a imaginar otros usos para el dispositivo. Algunos propusieron adaptarlo para procesar forraje destinado al ganado de la comunidad; una estudiante, por su parte, sugirió utilizarlo para triturar alimento para sus hámsteres. Las ideas no terminaron allí. Las autoridades del colegio plantearon un nuevo desafío al equipo universitario: desarrollar un compactador manual para reducir el volumen de las latas de atún y leche que también se acumulan en la institución.

La ciencia sale de los libros

La visita, que se extendió durante tres días, también abrió una oportunidad para acercar la ciencia a las aulas. Durante una reunión con la dirección del colegio, los universitarios descubrieron que la institución contaba con kits de experimentación en física entregados por el Estado peruano. Entre los materiales había un acelerador de Gauss y dispositivos para medir la inercia de masa. Sin embargo, estos equipos permanecían guardados debido a la falta de capacitación para utilizarlos.

Ante esta situación, el grupo organizó una sesión práctica dirigida a docentes y estudiantes. La intención fue explicar principios físicos y mecánicos mediante experimentos que pudieran observar y manipular directamente, en lugar de limitarse a la enseñanza teórica.

La experiencia permitió conectar los instrumentos del laboratorio escolar con el funcionamiento de la máquina picadora. De esta manera, los estudiantes pudieron reconocer que los conceptos estudiados en clase también tienen aplicaciones concretas en los objetos y herramientas de su vida cotidiana.

Una experiencia que conecta la ingeniería con la comunidad

En Qotaqwasi, la comunidad educativa se organiza en torno a distintas áreas de trabajo, entre ellas emprendimiento, medio ambiente y comunicación. Esta estructura permitió que la propuesta universitaria encontrara un espacio para desarrollarse y que los escolares participaran activamente en la identificación de problemas y posibles soluciones.

La visita también acercó a los estudiantes a la educación superior. El contacto con universitarios les permitió conocer otras experiencias académicas y conversar sobre las posibilidades de continuar sus estudios, así como sobre los programas de becas disponibles.

Para los jóvenes de Ingeniería Mecánica, la experiencia también significó mirar su carrera desde otra perspectiva. El trabajo en Layo mostró que el conocimiento técnico puede trascender los espacios industriales y responder a necesidades concretas de comunidades que no siempre cuentan con acceso a tecnología convencional.

El proyecto Qotaqwasi demostró que la ciencia y la ingeniería pueden convertirse en herramientas para resolver problemas cotidianos. Pero, sobre todo, que los estudiantes de Qotaqwasi pueden encontrar en aquello que antes consideraban desperdicio una oportunidad para crear, aprender y emprender.