Aprendió a programar por iniciativa propia cuando todavía estaba en el colegio; ahora, desde la universidad, explora cómo la ingeniería informática puede conectar educación, tecnología e impacto social. Entre la investigación y el liderazgo estudiantil, Xendra procura traducir los datos y algoritmos de su carrera en oportunidades al alcance de todos.
Desde las pequeñas aulas de su acogedor colegio en Villa El Salvador, Xendra Jaime Reyes jamás se puso un límite: dibujó, escribió cuentos, diseñó cómics y también disfrutó del álgebra. “Me gustaban demasiadas cosas”, cuenta entre risas.
Porque antes de crear códigos, Xendra creaba historias. Participaba en los Juegos Florales de la escuela y desafiaba su imaginación con infografías y diseños. Pero también mediante sus cursos favoritos: álgebra y literatura. Le atraía la abstracción del primero y la versatilidad artística del segundo. Ella lo resume como “el equilibrio perfecto”.
Lejos de separarlos como dos campos lejanos, Xendra entendió a los 15 años, cuando aprendió de forma autodidacta a programar, que el código podía reunir esas dos formas de crear. “Me di cuenta de que era como escribir, como hacer un cuento, dibujar o hacer un poema. Cualquier cosa que se te ocurría, lo podías traducir en código”. A través de la programación, su imaginación no tendría límites.
Y así fue como inició su camino por la ingeniería informática. Aunque carreras como educación y diseño gráfico también las contempló como alternativas, mediante la ingeniería, le aconsejó su madre, podría aterrizar todas sus ideas: “Tú eres muy dispersa”, recuerda que le repetía. Así que una ingeniería le permitiría reunir todas sus cualidades en un propósito. Como el que se trazó con apenas 16 años.
“Saberes Unidos” —proyecto que cofundó junto a su amiga— nació con el espíritu de promover una educación integral para todos, donde ella y distintos jóvenes impartieron clases desde programación y guitarra hasta lettering. Solo en el 2021, organizaron más de 20 talleres virtuales y por su iniciativa, incluso, fue nominada a la I Cumbre de Jóvenes Líderes Innovadores de América Solidaria y Tecsup.
La universidad, antes de distanciarla de su proyecto, le permitió amplificar su objetivo: llevar educación y tecnología a comunidades donde el acceso a Internet todavía no es una realidad. A través del Grupo Tecnologías Inalámbricas (GTI), por ejemplo, se acercó al mundo de las telecomunicaciones al participar en el diseño e implementación de una red de antenas para extender la cobertura celular dentro de un espacio sin señal. En primera persona, Xendra comprobó que la informática no termina en la programación.
Así llegó a ThinkingBeyond —organización enfocada en la formación de jóvenes investigadores en STEM—, donde, junto a su equipo, amplió el estudio del Teorema de Aproximación Universal y exploró experimentalmente el desempeño de distintas funciones de activación en redes neuronales.
A puertas de entrar a séptimo ciclo, estas experiencias motivan a Xendra a desarrollar, a futuro, una investigación más ambiciosa y formal sobre la generación procedimental aplicada a la educación, además de orientar su tesis hacia herramientas para enseñar pensamiento computacional mediante juegos. Una forma de democratizar el acceso a una habilidad transversal que, en un mundo cada vez más tecnológico, puede ampliar las oportunidades de aprendizaje.
Aunque la rigurosidad y exigencia académica de la PUCP, admite, puede ser abrumadora, Xendra sabe que los cambios no pueden generarse a través de una única ruta. Compartir, retroalimentarse y dialogar con otras disciplinas es fundamental.
Xendra es presidenta de LEAD PUCP y miembro del Parlamento Andino Universitario PUCP, experiencias que le permiten aportar desde una posición —aún— poco habitual en su carrera: la de una estudiante de ingeniería que escucha y conversa sobre educación, tecnología y políticas públicas. Como parlamentaria, relata, encontró un espacio de crecimiento y la posibilidad de trabajar en equipo desde una perspectiva distinta.
Su forma de involucrarse, explica, no parte de acumular actividades. Para poder compatibilizar sus cursos con los proyectos extracurriculares, Xendra parte de lo cotidiano: agendas, cuadernos, mochilas e, incluso, trayectos en micro para meditar. “Más que manejar 15 cosas a la vez, es convivir con esas 15 cosas a la vez”.
Una convivencia a la que añade la experiencia de ser una mujer en un área predominantemente masculina. Al observar dinámicas de complicidad y aprendizaje informal que se dan entre sus pares hombres, Xendra considera fundamental construir redes entre compañeras y colegas, de modo que esas oportunidades de aprendizaje y crecimiento también estén al alcance de ellas.
“Creo que hay muchos esfuerzos de diferentes agrupaciones, como la WIE y la AAII, de encontrarnos entre chicas. Porque la ventaja de ser pocas es que automáticamente te sientes más cercana a todas las mujeres de tu carrera, a todas las profesoras, porque sabes que de alguna forma ellas entienden lo mismo”, confiesa.
Encontrar referentes femeninos entre sus docentes y autoridades de la Facultad también le permite imaginar un futuro que traspase fronteras.
Alemania aparece entonces como un destino natural para ese futuro. A Xendra le atrae el ecosistema tecnológico y empresarial del país, especialmente la posibilidad de trabajar en espacios donde la tecnología se conecta con la gestión y la mejora de procesos. También encuentra afinidad con una cultura que valora el orden y la estructura, además de la posibilidad de desarrollar su carrera en Europa. Ya empezó a acercarse a ese objetivo: estudia alemán y ha contemplado programas de intercambio en el país, con la intención de volver a largo plazo para trabajar allí.
Más allá de un destino en concreto, entre proyectos de programación, experiencias en la industria e iniciativas de investigación, Xendra ha explorado distintas formas de hacer informática. Desde ese recorrido, su consejo para quienes todavía están definiendo su camino en programación parte de su propia experiencia: “Lo que la universidad te permite es más que simplemente habilidades técnicas, te permiten pensar: ese proceso de analizar, tomar decisiones y solucionar todo un problema”, explica. Y ese recorrido no se limita a la ingeniería informática. Desde que dibujaba cómics en el colegio para promover el cuidado eléctrico hasta la búsqueda de respuestas tecnológicas para fortalecer las competencias lectoras en escuelas andinas como parte del Parlamento Andino Universitario, Xendra nos demuestra que el conocimiento no tiene una sola dirección: las mejores propuestas se construyen con mentes “dispersas” —como le bromeaba su mamá cuando era pequeña— como la de ella.