Yerssy Saavedra, la ingeniera civil que también construye oportunidades

19/08/2026

A los 14 años ingresó al COAR de Cusco para cumplir el sueño de ser la primera universitaria de su familia. Una década después, nuestra ingeniera civil participa en la gestión de uno de los proyectos de infraestructura pública más ambiciosos del país: las Escuelas Bicentenario. Porque para Yerssy, la ingeniería no solo construye grandes obras, también debe crear mejores oportunidades de vida.

Viviendas en condiciones precarias, casas autoconstruidas e informalidad estructural. Esa es la realidad predominante en Ventanilla, el distrito del Callao con el más alto potencial de déficit habitacional e índices de pobreza; y donde creció Yerssy Saavedra Herbay. Carencias que, explica nuestra egresada, limitan el futuro de los jóvenes:

“Dentro de la escuela en la cual estudiaba en Ventanilla, usualmente egresan 120 chicos, de los cuales 10 a 20 personas tienen acceso a estudiar en una universidad y de estas 20 personas, no todos logran terminar la carrera”, revela.

Tanto Yerssy como su familia eran conscientes de esta realidad. Así que, a los 14 años, postuló y obtuvo una vacante para estudiar en el Colegio de Alto Rendimiento (COAR) de Cusco, donde —en convivencia con jóvenes de la costa, la sierra y la selva— transformó su manera de entender el país: “Este ambiente intercultural me abrió mucho la mente y me hizo ver la realidad que vivimos en las diferentes regiones”, recuerda.

Consideró estudiar carreras como Ciencias Políticas o Relaciones Internacionales, pero finalmente eligió Ingeniería Civil, impulsada por otra historia cercana: la de su padre, operario de construcción, de quien conoció el esfuerzo cotidiano de quienes hacen posible las obras desde la última línea. Y los desafíos pendientes del sector.

Aprender fuera del salón

Aunque escogió nuestra universidad por su calidad y el rigor académico, las experiencias más valiosas, para Yerssy, las encontró fuera de los salones de clase: el abanico de actividades y organizaciones extracurriculares son otro distintivo de excelencia en la PUCP. Como vicepresidenta de ADEIC, asumió el reto de organizar a su especialidad para la Semana de Ciencias e Ingeniería en el regreso a la presencialidad, una experiencia que recuerda como una de las más extenuantes, pero importantes de su formación.

“Creo que fueron las tres semanas más agotadoras de la vida […], pero también fueron las que más fortalecieron y me permitieron explotar mis habilidades blandas; y que hoy en día me han llevado a otros lugares”, describe.

Porque para Yerssy, un profesional no se limita a conocimientos técnicos, también requiere sensibilidad y compromiso social. Como beneficiaria del COAR y de la Beca Continuidad de Estudios de Pronabec, con el cual logró culminar la segunda mitad de su formación universitaria, estas oportunidades no son únicamente un mérito individual, sino una muestra de que las políticas educativas pueden cambiar el destino de una familia entera.

Construir también es decidir

Como primera generación de universitarios en su familia, Yerssy tenía una preocupación que muchos compañeros en la misma situación compartían: ¿Qué voy a hacer cuando empiece a buscar prácticas? No sé nada”, se decía a sí misma.

Pero, tal como aprendió desde el COAR, se organizó. Dos años antes de terminar su carrera, se creó una cuenta en LinkedIn donde, cada día, dedicaba 30 minutos en ‘conectar’ con especialistas en su rubro y así fue que encontró, postuló e ingresó a un cohort de jóvenes first generation, donde recibió cursos de empleabilidad, finanzas e, incluso, planificación familiar. Un inversión de tiempo y esfuerzos que se vieron reflejados al momento de afrontar sus primeras convocatorias.

Entró como practicante al área de ingeniería comercial en Cementos Pacasmayo, una de las empresas cementeras más grandes del país. “Fue un proceso largo, pasé por varias entrevistas y también fue un poco intimidante porque competía con los primeros puestos de la universidad”, recuerda. Tras 10 meses de experiencias determinantes, decidió que empezaría a buscar oportunidades en el área que siempre aspiró: gestión de proyectos.

“Me motiva impactar con mi carrera al desarrollo social y en este caso de infraestructura social en el país”, recalca Yerssy al explicar su interés en el rubro.

Lo cultivó desde sus últimos años en el colegio, cuando ya colaboraba en proyectos con comunidades de Cusco y lo continuó en Lima, al ser parte de organizaciones sociales como Kantaya o Proyecto Pasaporte, ambas con un enfoque educativo. Aquellas experiencias, sumada a su vocación personal, la guiaron al CADE Universitario en su último ciclo de la universidad. Un objetivo que anhelaba desde la secundaria.

Reencontrarse con jóvenes de distintas partes del país y reflexionar, analizar y proponer soluciones a los desafíos más críticos del Perú la continuaron preparando para asumir uno de los proyectos más ambiciosos de gestión pública en el sector educativo.

Con 25 años, Yerssy es Graduate Contract Manager en Gleeds, empresa consultora británica que brinda asistencia técnica especializada al Estado dentro del Proyecto Especial de Inversión Pública Escuelas Bicentenario, una iniciativa pionera en el sector que busca cerrar la brecha de infraestructura educativa en Lima Metropolitana y nueve regiones del país.

Su trabajo ocurre lejos del imaginario tradicional de una ingeniera en obra. Analiza riesgos, costos y contratos NEC4, un modelo de gestión que está orientado a acelerar la toma de decisiones y hacer más eficientes los proyectos públicos. “A veces una recomendación puede significar millones de soles o permitir que una escuela llegue a entregarse”, destaca.

Esa responsabilidad también implica dialogar con profesionales que llevan décadas en el sector. Al ser la más joven en muchas mesas de trabajo, Yerssy ha logrado que su voz sea escuchada al hablar desde el conocimiento técnico y la preparación constante.

Por una educación accesible

Aunque a su corta edad ya es una profesional involucrada en proyectos de impacto generacional para el país, Yerssy —lejos de desconectar de sus inicios— reserva parte de su tiempo para volver donde su historia empezó.

“En mi tiempo libre, me dedico a hacer proyectos sociales personales como ir a las escuelas y compartir mi experiencia, las oportunidades educativas que pueden lograr desde el colegio y también compartir sobre las becas para financiar sus estudios”, comenta.

Porque, para Yerssy, su historia no debe repetirse como una excepción inspiradora. Al contrario: la educación, nos demuestra, se construye no solo mediante la construcción eficiente de colegios, sino también a través de las oportunidades compartidas.

Ese mismo principio guía su participación en Women in Construction, asociación que impulsa el liderazgo femenino en un rubro históricamente dominado por hombres: la construcción. Como mentee a nivel universitario y, próximamente, como profesional, Yerssy aprende de mentoras con más de 20 años de experiencia en la profesión. Continúa con su propia formación, pero también pensando en la retribución colectiva futura.

“Siempre podemos ayudar a otros a lograr sus sueños. Avanzamos no solo de manera personal: las redes de apoyo también crecen con nosotros, asegura.

Si bien Yerssy contempla, a largo plazo, fortalecer su formación con experiencias en el extranjero, convencida afirma que solo será una despedida temporal. Porque su mayor obra no está hecha de concreto, está en construir posibilidades para todos: ya sea de Ventanilla, Cusco o cualquier parte del país. Que ella no sea un caso aislado, sino un sueño real y colectivo.