De regreso en los pasillos donde empezó su vocación científica, nuestro egresado de Química —doctor por la Universidad de Michigan y hoy asesor senior en una farmacéutica líder mundial— nos comparte su trayectoria para contribuir en el desarrollo de medicamentos y procesos que impactan en la vida de pacientes alrededor del mundo.
Edificios nuevos y modernos. Laboratorios potenciados. Pero la esencia de conocimiento que rodea la PUCP se mantenía intacta. Así resume nuestro químico Alonso Argüelles Delgado el retorno a su alma mater ya no solo como estudiante o visitante, sino como ponente experto en su propia especialidad.
“Estaba bastante emocionado de volver al aula; sobre todo para dar una charla, ¿no? Estar al otro lado del aula”, cuenta con emoción.
La invitación fue para dictar la ponencia “Data-Rich Experimentation in the Development of a Manufacturing Route”, donde abordó cómo el uso intensivo de datos, el modelamiento de reacciones y la automatización de laboratorio pueden acelerar el desarrollo de procesos en la industria farmacéutica, su campo de trabajo desde hace más de cinco años tras haber sido reclutado por una de las compañías líderes del sector a nivel mundial.
Pero detrás de ese distinguido currículo, dirigiendo procesos de medicamentos aprobados internacionalmente, Alonso guarda una historia que inició con un deseo sencillo y sincero desde su juventud: contribuir con mejorar la salud de las personas.
Entre salas de operaciones y camillas es como se imaginaba Alonso cuando todavía estaba en el colegio: “Me interesaba mucho el tema de la salud pública y yo pensaba en ser doctor”. Un accidente, sin embargo, lo llevó a replantear su vínculo con la medicina, pero no el propósito de fondo: aportar al bienestar de los demás.
Por su afinidad natural con las ciencias, decidió postular a la carrera de Matemáticas, aunque todavía sin un rumbo definido. Sabía que la PUCP ofrecía en sus primeros ciclos Estudios Generales Ciencias, un espacio para explorar a mayor profundidad cada carrera.
“Llevé Química. Y me encantó… ahí dije: ‘¿sabes qué? Tengo el sueño de poder cumplir mi objetivo inicial, pero desde un punto de vista distinto’”, comenta.
Alonso descubrió que como químico en la industria farmacéutica, podría desarrollar productos capaces de llegar a millones de personas. “Iba a poder crear productos comerciales que puedan ayudar a las personas”, explica. Una meta ambiciosa —por la competitividad en dicha industria— pero que cuidadosamente planificó desde el pregrado. Tenía un sueño, pero también tenía un plan.
En ese proceso, nuestra institución representó un papel crucial. No solo por la formación académica, sino por las conexiones y acompañamiento de docentes que también han realizado posgrados alrededor del mundo. Alonso, en especial valora la recomendación del profesor visitante Geoffrey Cordell, de la Universidad de Illinois en Chicago: “Me escribió una carta de recomendación muy bonita y que me ayudó a postular y, de hecho, me aceptaron varias universidades en Estados Unidos”, cuenta.
Eligió la Universidad de Michigan no solo por su prestigio en los ránkings mundiales, sino por la calidad en programas de química. Allí desarrolló un perfil poco común: combinó química orgánica sintética con química computacional: “Eso me ayudó a distinguirme de otros candidatos… soy químico sintético, pero también soy químico computacional”.
Este perfil versátil le permitió ser reclutado por una compañía líder cuando todavía estaba terminando su doctorado. Hoy, Alonso trabaja en el área de diseño y desarrollo de moléculas sintéticas dentro de una farmacéutica internacional, donde se desempeña como Senior Advisor-Chemistry.
Su labor, explica, está enfocada en la química de procesos: una etapa clave que ocurre cuando una molécula prometedora ya ha sido identificada y necesita convertirse en un medicamento viable.
“El objetivo es diseñar la ruta sintética más eficiente, más verde, que sea segura, económica y escalable”, agrega. Alonso transforma una idea científica en un proceso industrial capaz de producir medicamentos de manera consistente y segura.
Pero, además de estimular sus propios conocimientos en química, nuestro egresado valora el abundante trabajo colaborativo entre profesionales líderes en sus propias carreras: “Tienes expertos ingenieros, en estadística, en temas legales, otros químicos… hay tanto talento que empiezas a aprender cosas de otras personas”. Una interacción única que define la complejidad —y desafíos— de la industria farmacéutica.
Seis años han transcurrido desde que se incorporó a esta gran compañía. Y su impacto ha rebasado expectativas. No solo ha contribuido a proyectos en distintas etapas de desarrollo, incluyendo medicamentos hoy aprobados, sino que también lidera iniciativas que integran datos, modelamiento y automatización para optimizar procesos. Una apuesta por una ciencia más rápida, más precisa y más conectada.
Al volver a recordar su formación, Alonso no piensa en lejanía, sino en continuidad. “Cuando fui a hacer mi doctorado… pensé que iba a ser mucho más difícil. Pero me di cuenta que estaba muy bien preparado”. La PUCP lo formó para desenvolverse en los escenarios más competitivos del mundo científico y laboral.
Con dedicación, con propósito y, sobre todo, con la convicción de un niño que soñaba con sanar personas, Alonso nos demuestra que a través de la química también se pueden salvar miles de vidas.