Fenómeno El Niño: un problema natural que se convierte en problema social por la falta de prevención

09/10/2026

La falta de planificación, la vulnerabilidad de las viviendas y la limitada preparación de las autoridades y la población pueden agravar el impacto del Fenómeno El Niño en el Perú, advierte el Dr. Jorge Vargas Florez, docente de Ingeniería Industrial de la PUCP.

El Fenómeno El Niño forma parte de la dinámica natural del planeta. Sin embargo, sus consecuencias no dependen únicamente de la intensidad del evento climático, sino también de las condiciones sociales en las que se encuentra la población. Para Jorge Vargas Florez, docente y profesor principal de Ingeniería Industrial de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), uno de los principales problemas del país es que todavía predomina una respuesta reactiva, en lugar de una cultura de prevención, frente a los desastres.

Según el especialista, aunque el Estado cuenta con mecanismos y normativas orientadas a la gestión preventiva del riesgo, estas no siempre se traducen en acciones concretas. Friajes, huaicos, terremotos y otros fenómenos continúan siendo atendidos principalmente cuando ya han ocurrido, mientras que las medidas destinadas a reducir la vulnerabilidad no avanzan al mismo ritmo.

Una amenaza que expone las desigualdades

El impacto del Fenómeno El Niño no se distribuye de manera uniforme. Las poblaciones ubicadas cerca de ríos, quebradas o en zonas consideradas inadecuadas enfrentan una mayor exposición. Vargas Florez señala que muchas personas permanecen en estos lugares porque, ante la falta de alternativas, vivir en una zona de riesgo termina siendo parte de su realidad cotidiana.

El problema también está relacionado con la capacidad de las instituciones para responder. De acuerdo con el entrevistado, existen mapas que permiten identificar numerosos puntos críticos asociados a quebradas, ríos y zonas sin suficiente protección. No obstante, identificar estos riesgos no significa necesariamente que existan las inversiones necesarias para mitigarlos.

A esto se suma la falta de profesionalización en algunas instancias responsables de la gestión del riesgo. Vargas Florez cuestiona que personas sin la preparación necesaria puedan estar encargadas de decisiones relacionadas con evacuaciones, obras de mitigación o respuesta ante emergencias. Para él, contar con profesionales capacitados es uno de los elementos fundamentales para reducir el impacto de los desastres.

La prevención también empieza en casa

Frente a este escenario, la responsabilidad no recae únicamente en las autoridades. El especialista sostiene que las familias deben identificar las condiciones de vulnerabilidad de sus propias viviendas y prepararse ante posibles lluvias intensas, inundaciones y otros efectos asociados al fenómeno.

Entre las medidas que plantea está revisar el estado de los techos, especialmente en viviendas que podrían enfrentar precipitaciones inusuales, así como evaluar sótanos, accesos y la cercanía de la vivienda a ríos o zonas susceptibles de desborde.

La preparación también implica modificar determinados hábitos. El aumento de las temperaturas puede afectar especialmente a adultos mayores y bebés, por lo que el especialista recomienda prestar atención a la hidratación y reducir la exposición prolongada al calor. Esto último será particularmente importante en las personas que realizan sus actividades económicas en las calles durante largas horas, y no se escuchan medidas de contingencia para estos miles de peruanos.

Una responsabilidad colectiva

Para Vargas Florez, enfrentar un desastre requiere la participación coordinada del Estado, profesionales capacitados y ciudadanía. La sociedad también tiene responsabilidad en la reducción de riesgos, desde evitar arrojar residuos en los ríos hasta adquirir conocimientos básicos que permitan responder ante una emergencia.

La respuesta frente a un desastre tampoco debería depender únicamente de la ayuda institucional. Ante una emergencia de gran magnitud, la capacidad de hospitales y servicios de atención van a verse sobrepasadas. Por ello, la preparación de la propia comunidad y la capacidad de las personas para brindar una primera respuesta pueden resultar determinantes.

El especialista sostiene que la planificación no puede limitarse a elaborar un plan, esperar que este vaya a estar vigente durante años. Las ciudades cambian, aumenta la cantidad de edificios y aparecen nuevas necesidades relacionadas con evacuación, abastecimiento y respuesta. Por ello, los planes de gestión del riesgo deben revisarse y actualizarse permanentemente.

En ese sentido, el Fenómeno El Niño deja de ser únicamente un fenómeno climático y se convierte también en un desafío social: revela qué tan preparadas están las instituciones, qué tan vulnerables son las comunidades y cuánto se ha avanzado en construir una verdadera cultura de prevención.

Para Vargas Florez, la preparación comienza por reconocer que los efectos del fenómeno pueden alcanzar la vida cotidiana. Informarse, evaluar las condiciones de la vivienda y adaptar las rutinas familiares son acciones que pueden contribuir a reducir sus consecuencias.