Doble titulación, curiosidad y pasión: Renato Oliva inicia un nuevo reto académico en la Universidad Politécnica de Madrid

18/09/2026

Antes de migrar de Chimbote a Lima, jamás había escuchado de la impresión 3D; hoy, nuestro estudiante no solo ha trabajado con drones de escaneo tridimensional y vehículos aeroespaciales, también se encuentra en España para completar el programa de doble titulación y obtener el máster en Ingeniería Mecánica por la UPM.

Renato terminaba de explicar una clase sobre fundición cuando revisó su correo. Con asombro, lee el asunto: “Becas DARI”. Su sorpresa era comprensible, porque meses antes, desde esa misma dirección le informaron que no alcanzó a ser seleccionado.

Confundido, el mensaje le explicaba que algunos estudiantes habían declinado su intercambio y que quedaron tres vacantes. Él había logrado una de ellas.

“Me emocioné muchísimo. En quienes pensé primero fue en mi familia: mi papá Wesley y mi mamá Julliana, quienes me dieron esta gran oportunidad. Los llamé y lloramos todos de alegría”, recuerda.

Las lágrimas no eran solo por el soporte financiero, también representaban el orgullo y admiración hacia el recorrido de Renato: de ser un niño fascinado por la manufactura de los aviones a estudiar, diseñar y crear tecnología de alto impacto desde las aulas de la universidad con la que soñaban como familia.

Aprender nunca fue suficiente

Aunque cuando ingresó las clases todavía no eran 100 % presenciales por los rezagos de la pandemia, Renato —en sus viajes de Lima a Chimbote— entendió desde el principio que en la PUCP las oportunidades de aprendizaje traspasaban los salones.

“Siempre traté de hacer un poco más de lo que nos pedían, buscando algún grupo de investigación, algo que todavía no nos habían dicho”, recuerda Renato.

Ese espíritu de aprendizaje constante le permitió, tan solo al terminar Estudios Generales Ciencias, obtener una pasantía en el Laboratorio de Materiales PUCP. “No conocía mucho”, confiesa, pero su curiosidad y pasión durante los ensayos de polímeros llamaron la atención de todo el equipo de egresados e ingenieros que trabajan junto a él.

Así que no tardó en conseguir otra pasantía, esta vez, en Core Facilities PUCP, donde participó en la creación de un dron orientado a la fotogrametría, capaz de transformar fotografías aéreas en réplicas digitales en 3D de alta precisión. Hasta que obtuvo sus primeras prácticas preprofesionales en el Laboratorio de Manufactura de la universidad.

Allí se encontró con maquinaria CNC, impresión 3D y un mundo de manufactura que lo prepararon para empezar un camino fuera de la PUCP: “Esa es la tecnología que está imponiéndose en la actualidad y la universidad está al día en esos temas, siempre buscando mejorar”, explica.

Con ese bagaje académico y colaborativo, Renato permaneció por tres meses en la minera Colquisiri, donde fue parte del desarrollo de un plan de mantenimiento para uno de los perforadores mineros más modernos del mercado peruano: el Jumbo Simba M40S de Epiroc. También sumó experiencia en el área de control de calidad de Christensen Boyles Diamantina, empresa especializada en la fabricación de brocas diamantinas y herramientas para la perforación y exploración minera.

En cada una de estas etapas, Renato destaca y agradece la confianza que compañeros y docentes depositaron en él: desde su amigo y egresado Patrick Rodríguez —hoy estudiando una maestría en Johns Hopkins— hasta los profesores José Sakihama y Renato Espinoza, quien le ofreció la oportunidad de ser instructor en el curso Taller de Manufactura. Pese a que algunos de sus alumnos eran de su edad —o incluso mayores—, Renato valora la cercanía que desarrolló con cada uno de ellos: poder ser parte de la formación de otros futuros profesionales como él es una experiencia que lo inspira.

“Hasta el día de hoy todavía me escriben preguntándome por cosas de la carrera”, revela.

Una conversación cambió el rumbo

Esta mentoría, cuenta Renato, no es exclusiva de él con sus alumnos: es una dinámica que tratan de emular dentro de la especialidad desde generaciones que lo anteceden.

Porque la posibilidad de estudiar en Madrid no apareció como un plan trazado desde el primer ciclo: nació a partir del deseo de su amigo Patrick para que Renato siga fortaleciendo su formación profesional. Conversaron con el profesor Quino Valverde para que le ayude a explorar oportunidades. Y así conoció el programa de doble titulación con la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

La propuesta terminó convirtiéndose en una meta. Renato preparó sus documentos, cartas y también postuló a la beca de la Dirección Académica de Relaciones Institucionales (DARI PUCP).

A pesar de la incertidumbre inicial sobre el financiamiento, Renato tenía claro que quería seguir el programa. Hoy, con este apoyo económico de la DARI, se encuentra en España cursando el año académico que le permitirá obtener el título de Ingeniero Mecánico por la PUCP y el Máster en Ingeniería Mecánica por la UPM. Un convenio internacional especial que la universidad ofrece a los alumnos en su compromiso con la excelencia académica.

Ahora, compartiendo salón con alumnos de distintas partes del mundo —desde Malasia e Irán hasta España—, Renato despierta cada mañana expectante de todas las áreas nuevas en las que podrá profundizar, como ingeniería del transporte o dinámica vehicular. Y aunque lleva pocas semanas en Madrid, también se ha trazado la meta de conseguir prácticas allí en Europa. Porque, para Renato, saber y hacer se unen en el camino.

Todavía sin un rumbo definido de especialización, su mayor deseo es continuar disfrutando de todo este proceso formativo. “Yo no estudio simplemente por la nota, sino porque me interesa, porque de verdad me gusta aprender más de mi carrera, asegura con una sonrisa de oreja a oreja.

Porque, precisamente, ese amor que siente por la ingeniería mecánica —considera— es lo que le ha permitido vivir cada una de estas experiencias académicas y preprofesionales de excelencia. No fueron necesariamente los conocimientos que ya tenía o tener las mejores notas, sino su genuino interés por aprender y contribuir en su carrera.

“Ninguno es un súper genio, pero somos personas que nos esforzamos, que trabajamos, que estudiamos, que damos todo de nosotros”, enfatiza.

Aunque —reconoce— la universidad es exigente y rigurosa, su invitación es que antes de centrarse únicamente en alcanzar el mejor CRAest o lograr entrar a la mejor empresa, también disfruten y vivan con pasión lo que estudian.

“Para mí, el amor por lo que uno hace es lo que marca la diferencia. Ese es mi mayor consejo: esfuérzate, dedícate y aprende a querer lo que haces, porque el tiempo le da la razón a los que aprendemos a amar la carrera, culmina con certez