Desde los andes peruanos hasta Europa, nuestra alumna de Ingeniería Biomédica ha transformado su historia personal en una poderosa ruta de investigación e innovación con propósito. Sus proyectos —desde estudios sobre infraestructura hospitalaria hasta dispositivos de rehabilitación— comparten un mismo propósito: conseguir una atención médica más accesible, eficiente y humana.
Entre flores, montañas verdes y extensos valles. Así creció nuestra estudiante de Ingeniería Biomédica, Cristina Aldana Palomino, en los Andes del Perú: “Yo soy de la ‘Bella Perla de los Andes’, provincia de Tarma, del departamento de Junín. Es una ciudad muy devota, hogareña y las personas son muy amables y empáticas”, expresa con emoción.
Pero junto a los paisajes, Cristina también recuerda las desigualdades. Nadie se lo tuvo que contar: ella las vivió en persona a través de su abuelita Ursula que fue atendida en el Hospital Félix Mayorca Soto. Allí, los doctores les explicaron que no contaban con los recursos necesarios para tratar su condición cardiaca.
Cristina presenció entonces una realidad que la marcó: la doctora Ivana mostraba compromiso y vocación, pero trabajaba con herramientas limitadas. Esa distancia entre el esfuerzo del personal de salud y la falta de tecnología adecuada le hizo evidente una brecha profunda en el sistema. Lejos de desalentarla, esa experiencia se convirtió en su motivación de vida.
Porque antes de elegir la ingeniería biomédica, Cristina exploró muchas profesiones. Literalmente. En casa, su mamá —la directora Rossana Palomino Rivera— acondicionó un ambiente que parecía un laboratorio de sueños. Un cuarto donde convivían distintas profesiones: un consultorio médico, gerencia de un banco, herramientas mecánicas e incluso una pequeña cocina. La idea era simple, pero poderosa: que Cristina viva en primera persona cada carrera. “Había un consultorio médico, un banco donde ella era la gerente, y hasta tenías que sacar cita para que te atienda”, recuerda con orgullo la directora Rossana.
Su inclinación en el colegio por las ciencias y matemáticas la acercaban a la medicina y la ingeniería. Pero fue aquel episodio con su abuelita Ursula el que determinó su elección final. Porque luego de ver las barreras médicas en su provincia, empezó a averiguar qué profesionales se encargan de desarrollar tecnologías que optimicen la salud.
“Cuando me dijeron que era un ingeniero biomédico, me puse a investigar. Era una carrera relativamente nueva cuando yo la elegí en el 2017”, explica.
Ese mismo año, la PUCP de manera excepcional presentó una feria vocacional en su colegio y pudo explorar a detalle sobre la profesión. Fue suficiente para convencerla. “Me enamoré de la carrera en el primer instante que conocí de ella”, confiesa.
Pero mudarse a Lima no era solo un desafío académico. El tráfico, el bullicio y las calles llenas de comerciantes representaron un cambio importante frente a la tranquilidad de su natal Tarma. Sin ningún familiar en la capital, su papá y mamá decidieron acompañarla en este proceso universitario.
Sentir ese apoyo de su familia, asegura, fue clave para poder adaptarse.
La universidad, siente Cristina, se asemeja más a un “autoestudio”: la PUCP pone a disposición de sus alumnos desde laboratorios e infraestructura de primer nivel hasta actividades culturales y deportivas, pero depende de cada estudiante poder transformar esos recursos en oportunidades reales.
Los proyectos e investigaciones no se quedan en las aulas, sino que llegan a todo el Perú y el mundo.
Cristina es un ejemplo de este alcance internacional. Este recorrido inició en el Social Ideas Challenge en Miami del 2023, donde alcanzó el primer puesto con la aplicación ‘HOUN‘, que propone un ecosistema seguro para estudiantes en busca de alojamiento cercano a su universidad. Una idea que nació desde su propia experiencia como migrante.
“El impacto de mi primer viaje nunca lo voy a olvidar”, recuerda. “Me abrió la ventana al mundo y a las oportunidades que tenemos como universitarios”. Miami fue solo el punto de partida para poder innovar en todo el mundo y reafirmar su vocación científica con impacto social. Y, ahora, con proyectos centrados exclusivamente en la ingeniería biomédica.
En el 2024, participó en el European Medical and Biological Engineering Conference (EMBEC) de Eslovenia, gracias al desarrollo de un dispositivo para evaluar la eficiencia de ejercicios de rehabilitación en extremidades inferiores. Pero fue en el 2025 cuando llegaría el honor más inspirador para Cristina.
No solo hizo historia con la PUCP, sino en todo el Perú.
El pasado mes de mayo, nuestra alumna se convirtió en la primera estudiante peruana en ganar el concurso internacional del American College of Clinical Engineering (ACCE) en la categoría 2025 ACCE Student Paper Competition.
Esta investigación, realizada junto al profesor Luis Vilcahuamán, analizó aspectos de la infraestructura de 23 hospitales desde la ingeniería clínica. Fue cerca de un año de trabajo. Lecturas, reuniones con especialistas, análisis de normativa y legislación.
“Es muy gratificante comprobar el nivel de la formación que recibimos en la universidad cuando estamos en el extranjero; esto me motiva a seguir investigando”, comparte al recordar su viaje a Nueva Orleans en junio para recibir el reconocimiento.
Aunque sus proyectos varían desde la bioingeniería y la ingeniería clínica, todos comparten una misma motivación: mejorar el sistema de salud peruano y mundial.
Porque las brechas que observó en Tarma siguen en su memoria. Incluso tras recorrer el mundo. Hospitales sin especialidades médicas. Pacientes que viajan largas distancias para recibir tratamiento. Familias enteras reorganizando su vida por una consulta médica.
Así que su meta trasciende la investigación académica.
Tras graduarse y buscar oportunidades de posgrado, Cristina sueña con fundar una clínica que combine tecnología y humanidad. Un lugar donde la atención médica no se limite al diagnóstico, sino que también priorice la empatía y cercanía con el paciente.
También aspira a impulsar cambios a mayor escala. Le gustaría trabajar en la Organización Mundial de la Salud y participar en el diseño de políticas públicas que fortalezcan los sistemas de salud a nivel estructural.
Al mismo tiempo, tiene otro objetivo: iniciar una fundación que acerque a más niñas al mundo STEM.
“Es necesario que nosotras —como mujeres— nos atrevamos a crear ciencia y estar en este ámbito científico”, afirma. “Nos ayuda a levantar nuestra voz y a ser parte del proceso de investigación”, expresa con certeza tras repasar su recorrido.
Desde Tarma hasta Estados Unidos. Desde un cuarto lleno de profesiones hasta los laboratorios más modernos del mundo. Cristina nos demuestra que la ciencia también puede empezar en casa, con curiosidad, perseverancia y, especialmente, con un propósito noble: transformar vidas, acercar y humanizar la salud para todos. Sin excepción.